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Diosa Bastet, por Pablo Hernán.


Texto original.


El arqueólogo Stephan Gate era un señor inglés que había nacido en Oxford. Estaba bien constituido: era alto, fuerte y ágil con ojos azules y nariz respingona. Tenía mucha fama por sus grandes descubrimientos en el terreno de la arqueología.

El día 17 de Junio de 2005, juntó todo lo necesario para emprender un viaje a Egipto, quería estudiar el recién descubierto "Templo de las Mil Estancias".

Junto a su equipo de ayudantes llegó a la ciudad más próxima al templo, donde se alojó en un hotel en espera de reunir a algunos guías y conseguir víveres para unas cuantas jornadas.

Se pusieron en camino hacia su objetivo. El sol moría entre las montañas de arena, dejando así el paraje muy sombrío. De un rojo intenso relucía el templo destacando en la noche, pareciéndose a la inmensa mole de una montaña La caravana rodeó el templo en busca de alguna cavidad para entrar. Al fin, después de un arduo trabajo, localizaron en una grieta una estatuilla del dios Ra. Descuidadamente una mano se apoyó en ella, y una especie de puerta empezó a abrirse porque al parecer, la estatua tenía un mecanismo de resorte que impulsaba la puerta. De repente, la puerta oculta se paró en seco a la vez que la tierra fue sacudida por un seismo, que provocó que se desprendiera una parte de lo alto de la estructura del templo; también las colinas de arena se desmoronaron y bajaron hacia el templo, que estaba situado en una depresión del terreno, como una catarata enfurecida, y los expedicionarios buscaron refugio intentando entrar dentro del santuario por la puerta medio bloqueada. Por los pelos lo consiguieron. Sorteando numerosos peligros, y con la mala suerte de perder a algunos compañeros, llegaron al centro del monumento...

Llegado a este punto, me cuesta seguir esta historia sin revelar que la vi con mis propios ojos. Yo soy Alfred, un compañero suyo en la expedición.

...llevándose la más absoluta sorpresa, ya que les estaba observando una diosa, la diosa Bastet, una gata. Pero no una gata cualquiera, sino además de que ocupaba casi toda la gigantesca sala, estaba compuesta de luz tan nítida que parecía sólida Evocaba praderas de intenso verdor, colores rojizos, miles de matices contrastados: azules, amarillos, verdes, marrones, Colores corno el rubí, el áureo, el verdemar, el azur, el morado, el escarlata, el dorado, esmeralda, aceitunado, malva, blanco, negro... así relucía su piel. Traía una armonía absoluta al alma, el cuerpo y a la mente. Después de esto me sentí adormilado.

Mi sorpresa mayor fue cuando me levanté en mi casa de Londres. A pesar de eso, me niego rotundamente a admitir que todo fue un sueño.

Al cabo de dos años recibí una llamada anónima:
—El señor Stephan Gate ha muerto. Ya he podido comprobar que tú has tenido más suerte. Sus últimas palabras antes de colgar, fueron:
—Alfred, te espero en nuestra próxima aventura. Suerte.
El teléfono se deslizó de mis manos y cayó estrepitosamente al suelo todavía sonando entrecortadamente: pi — pi — pi...


Criaturas: humanos, diosa Bastet.
Espacios Planares: Tierra Neshl.
Edificios: Templo de las Mil Estancias.
Individuos: Stephen Gate, Alfred.


Nota I: Este cuento fue escrito para la revista de mi colegio, cuando estaba en 6º de primaria.
Nota II: El Templo de las Mil Estancias está inspirado en algún templo con algún nombre similar y, posibiblemente en el Templo de las Mil Estancias de la Historia Interminable de Michael Ende.
Nota III: Alfred seguramente está inspirado en el personaje homónimo de "El Ciclo de la Puerta de la Muerte" de Margaret Weis y Tracy Hickman.


Texto: Jakeukalane.
Imagen: Pablo Hernán. Imagen original aquí → La Diosa Bastet (deviantart). Imagen en tamaño completo aquí → La Diosa Bastet (imagen).

©Hyposs Productions. ©Pablo Hernán.