Los Grifos reales por Ailoncha.

Texto original, inspiración en la imagen.


Misuakiya es uno de los grifos más imponentes del Imperio de Avaliss. Su historia fue gloriosa pero también triste. Su huevo fue robado del nido por un cazador furtivo, que dio muerte a sus padres. La Guardia Imperial capturó a dicho cazador y los huevos fueron llevados a la corte, donde causaron una gran sensación durante algún tiempo.

En el trayecto desde la frontera norte de Avaliss hasta la capital (Luktissa) se vivieron constantes intrigas entre los soldados de la Guardia Imperial y los del Ejército Imperial que volvían de una exitosa campaña de saqueo del vecino reino de Equoakais. Este conflicto surgió a raíz de que el tasador imperial valorara en secreto los huevos que habían confiscado al cazador furtivo (ocho huevos de grifo real, cinco huevos de dragón, uno de geleopardo, uno de Atmaakar y uno de quospix). El valor que alcanzaban los dieciséis huevos de estas especies tan exóticas en Avaliss era superior en 1 y 1/2 a todo el botín obtenido del pillaje de las ricas ciudades mercantes de Equoakais. Al ser una tasación secreta pronto muchos de los dirigentes de la Guardia y el Ejército Imperial supieron de ella, desatándose una ansiedad mal contenida por hacerse con el control de los huevos. Los generales del Ejército Imperial argumentaban que, aunque ellos no fueron los que capturaron al bandido, llevaban persiguiéndolo varios días e hicieron que se topara de frente con la Guardia Imperial y por lo tanto les correspondía a ellos la custodia de los huevos. Obviamente, el Guardián Mayor Qanx no admitió aquellos argumentos y desafió a un duelo al general Moktibus acusándolo de traición.

Qanx por Halleymurray

El resto de oficiales aprovecharon la situación para intervenir, metiendo cizalla entre los miembros de la Guardia Imperial para que relajaran su vigilancia de los huevos y sobornándoles de todas las maneras posibles. Por ejemplo, aparecían casualmente cerca del campamento de la Guardia Imperial traficantes que comerciaban con todo tipo de licores ilegales, haciendo que la Guardia Imperial se viera obligada a detener a dichos infractores y a confiscar las bebidas. Y pasó lo normal en dichos casos: varios cientos de litros de exquisito licor de Dalminria y hierbas prohibidas no duraron mucho en un campamento que llevaba 30 meses alejado de las comodidades de la vida urbana. Los oficiales intrigantes incluso llegaron a pagar a varias decenas de cortesanas de los pueblos por los que pasaban para que distrajesen la atención de los soldados de la Guardia Imperial. Se llegó a formar entorno al campamento de la Guardia un segundo campamento de comerciantes, oportunistas, cortesanas y mercenarios mucho mayor de lo habitual.

Pasaron los días y la tensión fue creciendo según se acercaba el duelo entre los máximos dirigentes de ambos grupos armados. El ritmo de marcha hacia el sur disminuyó. El recelo se implantó entre los máximos responsables de la Guardia Imperial que veían como la mayoría de sus hombres iban cayendo en el vicio y desatendiendo sus obligaciones. Cada día que pasaba había menos soldados leales y de confianza dentro de la Guardia Imperial. Llegó el día esperado: el del duelo entre el Guardián Mayor Qanx y el general Moktibus. Sería un duelo ceremonial de Avaliss, es decir, ganaría quien consiguiese herir al adversario. Las heridas graves en este tipo de combates (si los dos contendientes son habilidosos) no son frecuentes. Algunos jóvenes comandantes del Ejército Imperial, con gran astucia, aparecieron en medio del duelo. Describieron a la Guardia Imperial como un grupo indigno de representar al Imperio debido a las disputas que habían empezado a surgir por el abuso del alcohol y los placeres carnales. También apresaron al Guardián Mayor Qanx bajo la acusación de un delito de intento de agresión a un general del Ejército Imperial.

Esto hizo que el control de los huevos pasase a estar bajo el mando del Ejército Imperial. La mayor parte de la Guardia Imperial, ante la detención de su dirigente, desertó y se fugó del campamento, para gastar apresuradamente las grandes sumas de dinero que habían recibido.

El pequeño grupo de la Guardia Imperial que quedó, el más fiel a Qanx, se mantuvo alerta ante nuevos movimientos por parte del Ejército Imperial pero parecía que con el arresto de Qanx las cosas se habían calmado. Los comandantes iniciaron nuevas maquinaciones, esta vez entre ellos, para hacerse con el control del Ejército. Esto hizo que la Guardia Imperial, aunque no nominalmente, retuvieran de facto el control sobre los huevos, al menos temporalmente. Cuando los generales sustituyeron a todos los soldados vigilantes de los huevos, la Guardia Imperial poco pudo hacer. Lo único que podían tratar de impedir es que los huevos desaparecieran del campamento (y de eso ya se preocupaba el propio Ejército Imperial, en su tensión continua por impedirlo unos y por conseguirlo otros).

Algunas semanas después la inmensa comitiva llegó a Uoqi, pequeña ciudad al noreste del Imperio. Allí, los restos de la Guardia Imperial se dirigieron al Emisario Imperial de la ciudad, pidiéndole protección y exigiendo la liberación del Guardián Mayor y la custodia de los huevos.

El Emisario Imperial les recibió con buenas palabras y les prometió ayuda pero no hizo absolutamente nada, dejando que la comitiva prosiguiese hacia el sur con la Guardia Imperial cada vez más mermada y el Ejército Imperial dividido en luchas prácticamente abiertas por el control del Ejército y por consiguiente de los huevos. La llegada a Nurqoyu precipitó los hechos: el Emisario Imperial allí presente era abiertamente hostil a la presencia de las tropas imperiales en el lugar (suponían un gasto excesivo para la ciudad de la que el Emisario también era alcalde). Por ello, ordenó la incautación de los huevos y la encarcelación de Qanx, ordenando también la partida hacia la capital (al sur) del Ejército. En un principio, los generales Moktibus y Raelisyu se inclinaron a ceder a la petición del Emisario de Nurqoyu y continuaron la marcha hacia el sur. Sin embargo, tanto la Guardia Imperial como una parte de los comandantes desobedeció la orden y establecieron campamentos cerca de la ciudad. Entonces sobrevino el intento de asesinato a Raelisyu para evitar que Moktibus y el Ejército se alejaran de la ciudad. Los comandantes rebeldes pretendieron que ese atentado habría sido obra de los partidarios de la Guardia Imperial pero éstos no tenían recursos propios para llevar acabo el ataque y su líder estaba encarcelado. Oiypuki y Qoiw (dos de los comandantes que aspiraban al puesto de general jefe y al control del Ejército) argumentaron que el encargo habría sido realizado por Qanx desde la cárcel como venganza personal por su detención en medio del duelo. Rápidamente, se presentaron en la cárcel de la ciudad de Nurqoyu y demandaron al Emisario Imperial (y alcalde) su custodia para proceder a su ejecución. Sin embargo, el alcalde de Nurqoyu se negó y repitió la orden de hacer que los ejércitos saliesen inmediatamente de la ciudad y continuasen hacia el sur. Cometió el el desliz de mencionar que los huevos ya habían salido de Nurqoyu con destino a la capital por vías más seguras que el transporte por parte del Ejército («ese nido de cucarachas infectas»). Los comandantes rebeldes se impacientaron entonces, sospechando de una alianza secreta entre el Emisario Imperial de Nurqoyu y la Guardia Imperial. Secuestraron a Qanx (con el propósito de ejecutarlo) y se dirigieron hacia el sur en búsqueda de los huevos.

Estos movimientos sin precedentes por parte de dos comandantes del Ejército Imperial hicieron sospechar al Emisario Imperial de Nurqoyu que contactó con Moktibus y Raelisyu para contarles la actuación de los comandantes. Dicho proceder se alejaba mucho de los patrones adecuados, haciendo que Moktibus y Raelisyu supieran inmediatamente quién estaba detrás realmente del intento de asesinato.

Entonces se desató un polvorín: Moktibus y Raelisyu intentaron detener a Oiypuki, Qoiw y sus aliados, mientras que la Guardia Imperial hacia llamamientos a los desertores que habían quedado al Norte de la ciudad de Nurqoyu (y que ya se habían arruinado con el juego) para ofrecerles la vuelta a la Guardia y el perdón ante la deserción. Poco después, Qanx se escapó de las garras de los comandantes Oiypuki y Qoiw, volviendo a Nurqoyu para acumular hombres y armas y exigió al alcalde de Nurqoyu conocer el paradero de los huevos para garantizar su protección y la entrega de los mismos a la Corte Imperial. Mientras Qanx se hacía fuerte en Nurqoyu y presionaba al Emisario para conocer el paradero de los huevos, Oiypuki y Qoiw daban palos de ciego en su búsqueda. Pronto fueron alcanzados por el grueso del Ejército encabezado por Moktibus y Raelisyu quienes decretaron su ejecución inmediata. El cumplimiento de esa orden desató protestas en el seno del Ejército Imperial puesto que había muchos que veían a los jóvenes como grandes promesas para la renovación de las anticuadas estructuras del Ejército Imperial de Avaliss.

La rebelión interna fue rápidamente sofocada y Moktibus y Raelisyu continuaron la búsqueda de los huevos. Fueron Qanx y la Guardia Imperial quienes, después de conocer por labios del Emisario Imperial la tortuosa ruta que la comitiva había empleado, dieron alcance a ésta. Nada más contactar con la comitiva se produjeron sorpresas: faltaban cuatro huevos; uno de dragón, otros dos de grifo real y el huevo de Atmaakar. Tiempo después Qanx averiguaría que el Emisario Imperial de Nurqoyu había intentado ganar una fortuna con la venta de tres de los huevos que se había reservado para él (el huevo de Atmaakar habría eclosionado estando en su poder y el enfurecido Atmaakar habría destruido grandes partes del almacén donde de encontraban los huevos). El Emisario se habría mostrado ante el Emperador como que había puesto a buen recaudo los huevos, alejándolos de las intrigas militares y siendo el garante de su futura entrega. Obviamente, en sus comunicaciones con el emperador había ocultado el número real de huevos que se hallaban en su poder Sin embargo, cuando la información de cuantos huevos habían sido arrebatados al cazador furtivo llegase al Emperador, el Emisario sería detenido y acusado de apropiación indebida, siendo obligado a pagar al Imperio una considerable suma y a divulgar a quiénes vendió los huevos.

El destino del Ejército no fue tan drástico: la rebelión interna no llegó a oídos del Emperador pero sí los comportamiento inadecuados anteriores y las conspiraciones contra la Guardia Imperial. El Emperador ordenó entonces, por boca del Emisario Imperial de Uhwassi (una de las ciudades más ricas del centro del Imperio de Avaliss) que el Ejército se dirigiera a la frontera Este a contener un ataque conjunto de Tigres-Lobo Tricéfalos y Serpientes Rúnicas, muy común en esa época del año pero poco peligrosos.

Así pues la Guardia Imperial llegó al fin, después de tantos tropiezos a Luktissa, capital del Imperio Avaliss, para depositar allí los seis huevos que quedaban.

Qanx y algunos de sus colaboradores más próximos, fascinados por los huevos y demostrando una previsión pasmosa, decidieron dejar la Guardia Imperial y ponerse a disposición del Emperador para el cuidado de los huevos.

Kliu Nao, el consejero del Emperador le recomendó que, pese al furor que los huevos habían despertado en la Corte, los trasladase a un lugar cercano a la capital pero apartado de su bullicio y en un entorno natural. Haciendo caso de esa sabia sugerencia, el Emperador otorgó a Qanx un amplio terreno cercano a la capital pero de difícil acceso y con frondosos bosques. Allí es donde Qanx y sus ayudantes criaron a cuatro grifos reales y a un dragón oriental. Otro guardián recibió una parcela similar situada en las Montañas Centrales donde crió a otro grifo real y a dos dragones. Desgraciadamente uno de los huevos de grifo real resultó dañado en su estancia en Nurqoyu. El resto de huevos (uno de dragón y los de geleopardo y quospix) fueron regalados a otros reinos como presentes para evitar las costosas guerras fronterizas. Ninguno de los reinos quisieron conservar los huevos una vez eclosionados y, para evitar su venta a mercaderes sin escrúpulos, Qanx decidió pedir su devolución al Imperio y mantenerlos bajo su cuidado. Misuakiya fue el grifo más fuerte y que escogió a Qanx como favorito. Durante los años que duró su etapa de madurez (unos diez) se contentó con realizar pequeños paseos de madrugada siguiendo a Qanx hasta su vuelta a la pequeña hondonada donde vivía, sin salir de la zona boscosa reservada para el cuidado de las especies exóticas. Qanx pronto fue recibiendo más y más animales, sobre todo carnívoros de tamaño pequeño y mediano y algunas especies exóticas como Lobos Azulados o Qursks.

Qanx protagonizó posteriormente muchos de los éxitos militares. El primero de ellos fue hacer frente a la insurrección de la provincia de T’zqoniya.


Criaturas: Lobos Azulados, Qursks, Atmaakar, quospix, Gelepardos. Dragones. Grifos Reales.
Espacios Planares: Plano: ?. Planeta Avaliss.


Texto: Jakeukalane.
Imagen I: Ailoncha. Imagen original aquí → Peacock griffin. Imagen en tamaño completo aquí → Misuakiya.
Imagen II: Halleymurray. Imagen original aquí → Qanx (deviantart). Imagen en tamaño completo aquí → Qanx (imagen).

©Hyposs Productions. ©Ailoncha ©Halleymurray