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Mirme y Mirmei teniendo una conversación sobre los pobladores ancestrales de su planeta, por Sergio Mayordomo Lizano.


Texto original de Avengium inspirado en una imagen de Dan Piraro. Ver nota.


La hormiga y su maestro estaban en su lección matutina.

—Fíjate Mirme, los pobladores ancestrales fueron gente muy peculiar. Se creían de lo mejorcito, pero continuamente daban señas de su ignorancia. Y su aborregamiento fue el que los condujo a su extinción.
—¿Entonces fue bueno que se extinguieran, maestro?
—A pesar de que fueran una especie errática, sus últimos años fueron dolorosos y no hay que desear el mal a nadie.
—Recuerdo esa lección maestro. Gracias por recordármela. ¿Y cómo eran los antiguos pobladores?
—Esa historia ya te la he contado antes, Mirme. Sucedió hace miles de años. Quizá cientos de miles.
—¿Y podrías contármela de nuevo, Mirmei?
—Veré como me sale esta vez.

»Los antiguos pobladores eran una especie que provenía de los mamíferos 1. Un grupo casi extinto en la actualidad. Empezaron en los árboles. Construyeron tribus. Y después ciudades. Pero a menudo los sensatos eran sobrepasados por los ignorantes. Estos voceaban desde cualquier sitio en el que estuvieran e intentaban imponer su voluntad sobre el resto de la población.

La fuerza dio paso a la burocracia. Y la especie se desarrolló bajo el yugo de unas leyes autoimpuestas que los obligaban a todos. Aunque los abusos de los ignorantes seguían siendo como lo habían sido durante generaciones, los sensatos se veían protegidos por este aparato. Con cada generación, una nueva piedra se ponía. Y un nuevo derecho era conquistado. A veces se retrocedía generaciones, una guerra, un líder ignorante que los aglutinaba a todos, etc. Pero la especie no se rendía. Continuaban avanzando por los siglos y descubriendo nuevas cosas.

Pero cuando algunos pensaban que se acercaban hacia una nueva era de entendimiento mutuo, nuevos problemas aparecieron en su horizonte. Estos problemas eran de una escala superior. Requerían múltiples puntos de presión en distintos sitios y una acción conjunta de miles de comunidades.

Muchos vieron como la burocracia y otros logros del pasado podían ser trabas en la resolución de estos nuevos conflictos y no dejaban de sorprenderse de cómo los ignorantes se infiltraban en todos los puestos de la sociedad. Podían llegar a cualquier lado y seguir sin aprender cosas esenciales. De vez en cuando se destapaban redes criminales y grupos armados pero los más difíciles eran aquellos que usaban el gobierno en su favor. Aun así esto seguía sin ser suficiente para los optimistas que ansiaban un nuevo mundo.

Cuando esta civilización estaba en su mejor momento se podían presenciar cosas maravillosas, comunidades científicas y técnicas, grupos de lectura y escritura. Danza y música por las calles. Mientras que en otros lados, al mismo tiempo, esclavos en las minas, mafias, inseguridad y carencia de ley los hacían retroceder al tiempo de las tiranías. Este choque de realidades se debía a múltiples factores y aunque una persona ayudara y aliviara una vida, los esfuerzos individuales no eran suficientes para cambiar el entorno.

Mientras, los grandes dilemas de su periodo dorado, repartición de la riqueza, crisis de valores, cambio climático, seguían avanzando como lo llevaban haciendo desde hace siglos. E inmensos fosos se iban generando entre diferentes ámbitos de su sociedad.

Su caída les sobrevino en un periodo de incertidumbre sobre la aceptación del "otro". Entendiéndose por otros seres de su misma especie pero en diferentes circunstancias. Esta incertidumbre provocaba miedo en muchos de ellos y se dejaban convencer por las soluciones fáciles de los ignorantes. Poco a poco las esferas de poder se fueron llenando de ignorantes. Y su política calcinó los ecosistemas de muchas especies para conseguir recurso fácil. Y cuándo faltaron los recursos, las guerras sucedieron. Las acusaciones de traición y conspiración flotaban por el aire. La irracionalidad y la agresión era su terreno de juego. Pero los científicos habían descubierto el poder del átomo en aquel entonces y los gobiernos tenían acceso a él.

En una mañana fatídica, uno de los dirigentes fue el primer en lanzar un misil, al que siguieron muchos más. Y la superficie del planeta fue un horno durante mucho tiempo. Después vino lo que se llama el invierno nuclear. Los antiguos se habían dispersado en tribus y bandas intentando encontrar alimento fuera del asfalto y el cemento. Las semillas crecían débiles en la tierra irradiada. Y ellos mismos se iban sintiendo débiles. Penosos fueron estos últimos años en los que murieron por envenenamiento radiactivo.

Pero el planeta siguió. El invierno nuclear se prolongó por milenios y al final amainó. En la nueva tierra casi vacía, las pocas especies se diversificaron. Volvió a haber praderas de herbívoros y predadores. Trepadores en los árboles. Aves. Y un inmenso ecosistema marino. Las hormigas progresaron en su evolución. Y aquí estamos nosotros.

—Tan fascinante como siempre, maestro. Muchas gracias por la historia. Me alegro de que nuestra especie desarrollara una empatía tan saludable.
—La especie precedesora también desarrolló empatía por sus semejantes, pero no fueron suficientes los que lo lograron.

*1: La especie de mamíferos ancestral de la que estas hormigas hablan podría ser la especie humana de cualquiera de las realidades. O quizás otra especie distinta. Volver.


Criaturas: Mamíferos ancestrales (ignorantes, sensatos), hormigas inteligentes.
Individuos: Mirme, Mirmei.


Nota I: La imagen en la que se inspira el relato es la tira cómica del 28/06/2011 recogida en la entrada "Chocolate Philosophical Footwear (archive.org)", donde dos cucarachas sobreviven a la civilización humana (inspirada así mismo en esta imagen: "evolution human to cockroach"). Tira en inglés. Tira en español.


Texto: Avengium.
Imagen: Sergio Mayordomo Lizano (Mayordom_Art). Imagen original aquí → Conversaciones sobre una especie perdida (deviantart). Imagen en tamaño completo aquí → Conversaciones sobre una especie perdida (imagen).

©Avengium ©Sergio Mayordomo Lizano