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Texto original.


El Planeta Qhot-naun-phaqiasiari (el-mundo-de-las-maravillas-incontables) es un planeta que ha llegado a estar cubierto permanentemente de tormentas eléctricas y mágicas. La superficie de este planeta llegó a ser tan porosa, sin embargo, que todo el agua se acumulaba en el núcleo del planeta transformada en hielo (debido a la presión).

Sin embargo, todo esto ocurrió mucho después de su formación y, antes de la catástrofe que cambió a este planeta para siempre, se dieron en él sucesos asombrosos muy importantes en la historia de este planeta.

El Planeta Qhot-naun-phaqiasiari prearcaico (etapa pre-descubrimiento)

Anteriormente a dicha catástrofe, Qhot-naun-phaqiasiari era un Planeta cuya geografía era bastante normal, con la pequeña salvedad de que contaba con miles y miles de millones submundos.

En cada cruce de caminos, en cada palacio, en cada carreta, en cada objeto sobre la superficie del planeta, había asociado a él un submundo secreto. Estos submundos se veían influidos por el pensamiento de las razas inteligentes que habitaban Qhot-naun-phaqiasiari: cada habitante llegó a poder crear un mundo particular para sí mismo (aunque esto tardaría mucho en ocurrir).

Qhot-naun-phaqiasiari era entonces un lugar repleto de todo tipo vida y lleno de maravillas; las diversas razas presentes en Qhot tenían su subsistencia garantizada: amplias praderas, campos inmensos de cereales y un clima suave y templado hacían de la parte ecuatorial de Qhot un lugar próspero donde vivir. Allí se asentaron diversas especies como los Elfos de Qhot-naun-phaqiasiari (con diversas subespecies), los Elfos Guerreros Mawi, los Humanos, los Yáwohhiur etc.

Sin embargo, el descubrimiento de la existencia de submundos tardó muchos siglos en producirse. Su revelación al pueblo llano fue todavía más tardía. 

El primer descubrimiento de los submundos

Los primeros que descubrieron los submundos, los Yáwohhiur, guardaron cuidadosamente el secreto para ellos durante mucho tiempo, siglos incluso.
Además, tenían leyes muy duras para evitar que la información de la existencia de los submundos se propagase no sólo a otras especies sino a estamentos no privilegiados de su propia sociedad.

Primero los usaron como fuente de conocimientos, observando y escuchando a distancia. Podían conocer todos los saberes y técnicas de los pueblos que habitaban esos submundos. Los Yáwohhiur aprendieron pacientemente muchas de esas técnicas y saberes. Con el tiempo, no sólo aprendieron a escuchar y conocer las técnicas que estos pueblos empleaban sino que podían entrar en estos submundos, donde sus poderes eran los de dioses. Muchos Yáwohhiur cayeron en la locura en ese momento e intentaron levantar imperios a sangre y fuego dentro de sus submundos.

Y, antes de que les pudiesen detener, algunos de estos Yáwohhiur llegaron incluso a fusionar a varios submundos en uno para gobernarlos con mayor comodidad.

Esto llevó a la llamada "crisis de la conquista de submundos". 

Los Yáwohhiur, el cierre de los submundos y Odranæ

Los Yáwohhiur por Makatako


Los Yáwohhiur que son, sin embargo, una especie muy sabia y con amplia experiencia en enfrentarse a grupos de su propia especie rebeldes o megalomaníacos, pronto pusieron freno a estos individuos y estudiaron pacientemente qué podría haber desencadenado ese proceso de locura y cuales serían las medidas para evitar que pudiese volver a ocurrir.

Las medidas acordadas, empero, no fueron todo lo sutiles que cabría de esperar en los Yáwohhiur, decidiéndose —en vez de por la educación o concienciación—, por la prohibición.

Por lo tanto, decidieron restringir el acceso a todos los submundos conocidos. Después de cinco años 1  de esfuerzo, los Yáwohhiur consiguieron controlar todos los submundos conocidos asociados a cosas u objetos y restringir de manera casi total su acceso. 

El mecanismo mediante el cual se estableció dicho control se basó en Texturas de Esencias.

Los controles fueron tan exhaustivos que impidieron el acceso a los submundos a una cantidad considerable de Yáwohhiur que legítimamente lo habían intentado, sin tener ningún propósito dañino o de conquista.
Pero el control se incrementó aún más y sólo los Yáwohhiur sin tacha y dedicados a la investigación podrían acceder a un submundo a partir de entonces. Incluso los autorizados para acceder a los submundos fueron vigilados estrechamente fuera de los submundos, sometidos a test psicológicos frecuentes y horarios estrictos.
Para los Yáwohhiur que no cumplieran estos requisitos fue, a partir de entonces, mucho más difícil, por no decir casi imposible, poder acceder a un submundo.

Odranæ, un aprendiz yáwohhiúrico con un gran intelecto intentó, sin éxito, solicitar una autorización para entrar en un submundo muy interesante que presentaba indicios de tecnología avanzada.
Las autoridades yáwohhiúricas le denegaron el permiso reiteradamente puesto que un primo suyo, Apholdamapaistos, había sido encarcelado por invasión y conquista de un submundo.
Ante la imposibilidad de acceder a un submundo ya existente, Odranæ pensó muy detenidamente sobre la posibilidad de crear por sí mismo un submundo. Esta idea no le parecía irrealizable: poco o nada había estudiado él sobre la teoría que tenían los Yáwohhiur acerca de la formación de los submundos y por lo tanto no podía saber que la tarea que le aguardaba era casi imposible.

Pero cuando alguien se enfrenta a un problema con grandes dotes de imaginación, sin prejuicios y con muchos conocimientos acumulados, en ocasiones sucede que se logra hallar una vía alternativa, nunca antes explorada 2.

Odranæ muy pronto intuyó que existía una posibilidad de crear un submundo propio, sólo para sí mismo. Sin embargo, antes siquiera de poder intentarlo, necesitaba conocer más cosas sobre los submundos. Robó varios libros a un famoso estudioso yáwohhiurino de los submundos, Aonastes. Varios años después, cuando Odranæ estuviese apunto de lograr su hazaña, pediría ayuda al propio Aonastes que se convertiría en su estrecho colaborador.

Los Yáwohhiur pensaban que los submundos existentes en Qhot-naun-phaqiasiari estaban asociados con todas las cosas inertes existentes en el planeta, y que desde su formación se habían mantenido incólumes y muy infrecuentemente se creaban otros submundos nuevos.

Odranæ descubrió que esto no era exactamente así: los submundos se creaban, aunque a un ritmo mucho mayor del que se conocía y también resultaban destruidos en muchas ocasiones. El descubrimiento más importante de Odranæ fue, sin embargo, que los submundos también pueden estar asociados a un ser vivo y no sólo a cosas inertes.

Odranæ dedujo que dado que los Yáwohhiur tenían prohibido entrar en los pensamientos de otros Yáwohhiur, crear un submundo que estuviese asociado exclusivamente a él sería la única manera de burlar los controles para entrar en un submundo.

Después de una opípara comida de hormigas, Odranæ se tumbó en su jergón favorito a dormir y tuvo un sueño realmente extraño. Al interesarse por su propio submundo, Odranæ sin saberlo, había hecho que éste comenzara a existir. En este sueño Odranæ fue llevado ante unos enormes seres de piedra, los Neldra.

Los Neldra, por titou, modificada por Jakeukalane

Estos seres, aunque él no lo sabía, procedía de su propio submundo, que se conocería posteriomente como Odranærya.
Como tantas veces ocurre en el Milegu se habría producido un suceso sin causa evidente, puesto que su causa estaba en el futuro (autoendlech).
Los Neldra hablaron muchas veces en sueños con Odranæ de manera muy breve, puesto que su existencia todavía no era permanente ni real.

Con la ayuda de los Neldra, Odranæ supo como crear su propio submundo y burlar de manera definitiva las protecciones de los funcionarios yáwohhiúricos. Habiendo paseado sólo brevemente por Odranærya, Odranæ se enamoró de manera irremisible de su propio submundo y decidió vivir para siempre en él.
Antes de internarse en su submundo publicó en varios medios diferentes su descubrimiento de que los submundos también estaban asociados a cada individuo y que el control que los funcionarios yáwohhiúricos realizaban era inútil frente a estos submundos.

El breve mensaje que publicó en la prensa instantánea 3  decía así:


"Soy Odranæ, investigador de submundos. Quiero dar a conocer esta felicísima noticia: cada Yáwohhiur es capaz de crear un submundo de manera sencilla asociado a uno mismo. Esos submundos no están bajo el control de funcionarios represores. Disfruten de sus mundos: yo ya estoy en el mío. Adiós."

Prensa instántanea Yáwohhiúrica, por Jakeukalane

En otros medios, su mensaje fue más largo, detallando de manera explícita los pasos que había realizado.

Después de su revelación, dispuso todo lo posible para estar a salvo dentro de su submundo sin más contacto con el exterior.

Odranæ en su submundo era inmortal y no perecería a no ser que fuere destruido su submundo.

Las consecuencias de la revelación de Odranæ no se hicieron esperar: a pesar de las tímidas reacciones de académicos Yáwohhiur en todos los países yáwohhiúricos negando cualquier posibilidad de creación de submundos propios, la noticia se propagó rápidamente por todas las clases sociales y no fueron pocos los que intentaron crearse un submundo propio.

Como se puso de manifiesto con Odranærya, los submundos asociados a un individuo son los más fáciles de crear y con sólo pensar en la idea y explorar la mente, el submundo ya tiene las bases para poder ser creado. La creación total del submundo (lo que permite que sea visitado y adquiera consistencia), depende de cuestiones algo más complejas, como matemáticas y física no muy avanzada.

Reacciones ante la crisis de los submundos propios

A pesar de que la propagación del conocimiento de cómo realizar un submundo fue fulgurante, la prohibición terminante que se había establecido hacía tanto tiempo de informar a otras especies, impidió que en este momento otros seres llegaran a conocer, no sólo la existencia de los submundos, sino las innumerables posibilidades de creación que Odranæ había abierto.

Sin embargo, las sospechas de otras razas siempre habían permanecido latentes: encuentros fortuitos con submundos, descuidos de los propios Yáwohhiur que tenían derecho a comerciar (que eran rápidamente hechos desaparecer o desacreditados)4, etc...

La revelación de Odranæ había hecho que todos los Yáwohhiur, independientemente de su casta social, conocieran la existencia de los submundos, lo que en sí constituía una catástrofe bajo el punto de vista de los dirigentes yáwohhiúricos y de los funcionarios que protegían el acceso a los submundos.

Esta situación les dejó perplejos en un primer momento, pero pronto se rehicieron y trazaron cuidadosas medidas para evitar que dicha información llegase a otras especies.

Se impuso la ley marcial, las fronteras de los once países yáwohhiúricos se cerraron, los períodicos instántaneos que habían publicado la noticia dejaron de transmitir noticias y los emisores cesaron de emitir: se impuso un control total de la información. También se detuvo el comercio exterior regular, pasando a estar dicha actividad, —en sus contactos con otras especies—, controlada por el ejército. Gracias a ello la expansión de dicha información fue limitada, si bien es cierto que pasados 2 ó 3 años la casi totalidad de la población yáwohhiúrica supo del incidente y que se podían crear submundos personales. 

Esto tuvo enormes repercusiones en la ya de por sí muy cambiante sociedad de los Yáwohhiur. La gran densidad de población de los estados yáwohhirúricos había sido un problema bastante grave y dicho problema se vio aliviado sustancialmente cuando una considerable cantidad de individuos decidieron "emigrar" a sus propios submundos.

Aunque a grandes rasgos la crisis se había solventado de manera razonable para los intereses de los Yáwohhiur, sin lugar a dudas fue el punto de partida de los subsiguientes cambios que desembocarían en que el resto de especies conociesen no sólo la existencia de los submundos y su utilidad para recabar información y técnicas avanzadas, sino también la posibilidad de crear submundos propios. Pero para que ese conocimiento llegase a ser ampliamente conocido aún sucedieron muchas penalidades en Erakykima.

La búsqueda de "el secreto de los Yáwohhiur": el Comité y el Consejo

De todas las medidas adoptadas para evitar la propagación de la existencia de los submundos, la que peor fue acogida no sólo por el pueblo llano sino por el resto de especies fue, sin lugar a dudas, la limitación del comercio o —más precisamente—, la sustitución por militares de los intermediarios comerciales frente a otras razas.

Esto fue debido a una multitud de factores. Las limitaciones de información, aunque no frecuentes, no eran algo extraordinario para los Yáwohhiur ni para otras especies. Qhot en aquellos tiempos no era precisamente un lugar pacífico. Tampoco era desconocida la limitación de movimientos, las levas forzadas para mantener el ejército ni la obligatoriedad de evacuar una zona.
Todas estas reacciones eran normales en los estados yáwohhiúricos ante situaciones inesperadas como desastres naturales, guerras, saqueos etc...

Sin embargo, la limitación del comercio y su control militar, aparte de evitar que la existencia de los submundos se filtrase a otras especies, también despertó las suspicacias de muchos, por lo inusual de la medida.

Obviamente, el rechazo a esta decisión no fue sólo por lo extraordinario de ésta sino por las enormes pérdidas económicas que conllevaba tanto para los Yáwohhiur como para especies que vendían sus productos a través de intermediarios Yáwohhiur y, en general, para todos los comerciantes.

"El secreto de los Yáwohhiur" como era llamado hasta entonces por otras razas de Qhot, se convirtió en una búsqueda incesante y su descubrimiento un objetivo a cumplir. Dicho "secreto" explicaría el porqué de la súbita transformación en menos de 1.600 años de la sociedad yáwohhiúrica de guerreros y cazadores-recolectores a una sociedad avanzada plenamente sedentarizada y con tecnología muy superior a la que disponían otras civilizaciones, más antiguas que los Yáwohhiur. También se incluyó en "el secreto" la misteriosa y vertiginosa disminución de densidad de población de los Yáwohhiur, así como el estado de emergencia militar.

Diversas especies de Elfos, semielfos, humanos y otros seres humanoides (como los Blemmyae de Erakykima) establecieron un Comité para lograr entre todos aportar luz al misterio yáwohhiúrico y, de paso, terminar con el bloqueo comercial que impedía contactar con ningún Yáwohhiur que no fuese militar.

Para averiguar los secretos de los Yáwohhiur procedieron con cautela: no ganarían nada con alarmar a las autoridades y la precaución en tiempos de ley marcial era absolutamente necesaria.

Para abordar el problema decidieron quejarse abiertamente a las autoridades yáwohhiúricas haciendo frente común en el gran inconveniente que había supuesto la revolución social de los Yáwohhiur: el control militar del comercio.

Si bien los más gravemente perjudicados eran los propios mercaderes yáwohhiúricos, el Comité presentó a los Yáwohhiur, en la búsqueda de su secreto, una historia convincente y parcialmente cierta y que les permitía enviar una embajada a los reinos yáwohhiúricos para investigar sobre el terreno.

Elfo de la Sangre de Fuego por Keun-Chul, modificado por Jakeukalane

El delegado de la comisión, un Elfo de la Sangre de Fuego, se instaló en la más importante capital yáwohhiúrica (Vaelamieelu) para, supuestamente, negociar la restituición del comercio en nombre del resto de comerciantes e intermediarios.

Este Elfo de Sangre de Fuego, de nombre Yzsýsi’auh 5, adujo ante el gobierno yáwohhiur que las pérdidas económicas generadas por el control del comercio hacían inviable seguir comprando y vendiendo productos a los Yáwohhiur: los intermediarios comerciales de otras razas habían empezado a retirar sus negocios del área yáwohhiúrica, usando otras rutas alternativas, en algunos casos más baratas (por lo que recuperar dichas rutas sería muy complicado). También les dijo que cada vez menos mercaderes se atreverían a intercambiar bienes por el temor a que sus mercancías fueran requisadas por las autoridades yáwohhiúricas.

A pesar de que estas autoridades confiaban en la buena fe de los comerciantes y su representante, no pusieron nunca en peligro su secreto: durante la estancia de Yzýsi’auh en Vaelamieelu, fue escoltado en todo momento por un numeroso escuadrón de elite que le impidió cualquier tipo de acercamiento a los Yáwohhiur de a pie.

Las negociaciones fueron bastante lentas; los meses pasaban e Yzsýsi’auh siguió recluido en una pequeña casita de las afueras de Vaelamieelu (fuera de las grandes murallas) esperando que los funcionarios preparasen una oferta convincente.

La visita concluyó con un acuerdo de mínimos entre los intereses que representaba Yzsýsi’auh y el gobierno central yáwohhiúrico. Nada más llegar a territorio élficosangriento, en Hammpal, mandó convocar una reunión urgente del Comité.

La visita del Elfo de Sangre de Fuego, si bien no resolvió ninguno de los problemas comerciales de las naciones representadas en el Comité (la apertura a intermediarios no militares fue mínima y muy lenta), sí que confirmó las sospechas que mantenían el resto de especies frente a los Yáwohhiur: el secreto existía y frente a una situación excepcional en la que el resto de especies pudiese enterarse de dicho secreto los Yáwohhiur estaban dispuestos incluso a dejar de lado las cortesías diplomáticas, manteniendo incomunicado a un delegado que merecía un mayor respeto.

El Comité decidió dejar de presionar en asuntos comerciales y se transformó en un Consejo: el Consejo sobre el Secreto de los Yáwohhiur.

Este Consejo determinó que ante la inestabilidad social que estaba viviendo la sociedad yáwohhiúrica y su necesidad de volver a negociar con el mundo exterior tarde o temprano, que se desvelara el secreto era sólo cuestión de tiempo.

Para acelerar dicho proceso el Consejo contactó con más especies como los Yuyh’nü, místicos humanoides alados y con otros Elfos que no tenían ningún tipo de contacto con los Yáwohhiur: el número de especies que se sumó a las disquisiciones fue aumentando gradualmente.

El Consejo no sólo se dedicó a investigar en profundidad a los Yáwohhiur, sino que también miró con lupa en la Historia de cada una de las especies para hallar cualquier tipo de pista que condujese a descubrir el tan anhelado secreto.

Elfo de la Sangre Resplandeciente por Keun-Chul, modificado por Jakeukalane

Una de las razas a las que se dejó fuera del Consejo fue a los Elfos de la Sangre Resplandeciente (esgoig ve sa’ Sa’dlse Segstsa’dveriedle o Sa’dveriedle en idioma élficosangriento). A pesar de tener cierta relación con los Elfos de la Sangre de Fuego (cultural más que genética), sus métodos expeditivos y violentos hicieron que el resto de especies tuviesen reticencias de informales de sus avances.

Los Elfos de la Sangre Resplandeciente son la especie élfica 6  más esquiva, más incluso que los Elfos Silvanos (Anxi’ellehë) y la más misteriosa.

A pesar de los intentos del Consejo de mantener apartados a los Sa’dveriedle, no lo consiguieron puesto que tenían sobornados a algunos miembros del Consejo que actuaban como sus informadores.

Mientras que los Elfos de la Sangre Resplandeciente pretendían llegar a una solución rápida, el Consejo tardó tres años más en emitir un informe que tenía en cuenta todos los datos relevantes de la investigación.

En él se podían leer las descripciones pormenorizadas de todos los comportamientos extraños de los Yáwohhiur en territorio extranjero en los últimos 300 años y los sucesos extraordinarios de cada una de las especies hasta el más mínimo detalle. Incluso se incluyó en el informe el descubrimiento fortuito de un submundo por parte de los Blemmyae de Erakykima.

Sin embargo, entre las decenas de sucesos relevantes para la investigación que les concernía, el informe también incluía miles y miles de sucesos que no se podían verificar. Estos sucesos, inventados o producto de la superstición natural de los campesinos o guerreros no cultos, enterraron bajo ellos cualquier rastro de los submundos.

Por lo tanto, el análisis final no identificó cual podría ser el secreto de los Yáwohhiur y la escueta conclusión fue que los Yáwohhiur tenían a su disposición una tecnología muy desarrollada y demasiado avanzada como para haber sido desarrollada por ellos mismos y que esa tecnología era utilizada casi en exclusiva con propósitos ocultos.

También quedaba descartada la posibilidad de que una raza que habitase Qhot les hubiese dado dichos conocimientos, puesto que la mecánica de algunos aparatos yáwohhiúricos que habían caído en manos del Consejo estaban diseñados claramente bajo condiciones físicas diferentes 7.
La posibilidad de seres extraqhotienses (diminutivo de extraqhotnaunphaqiasiarienses) ni siquiera fue contemplada puesto que los cielos eran muy vigilados no sólo en aquel momento sino desde la antigüedad.

En resumen: el Consejo había hallado las pruebas fehacientes de que los Yáwohhiur utilizaban tecnología muy avanzada de origen desconocido para mantener infraestructuras de tipo también desconocido.

La Guerra Élficosangrienta

Viendo que el Consejo no les admitía en sus deliberaciones y que las investigaciones habían llegado a un punto muerto (los años pasaban sin que el Consejo se decidiese a tomar medidas más drásticas que enviar espías a territorios yáwohhiúrico), los Elfos de la Sangre Resplandeciente decidieron pasar a la acción.

Entre los Elfos de la Sangre Resplandeciente, la mayoría fanáticos religiosos adoradores de las deidades de la naturaleza —pero con la sanguinaria tendencia de acabar con la vida de todos aquellos que se acercasen a sus territorios 8—, había muchos que veían con muy malos ojos el uso de tecnologías tan avanzadas sin que los Yáwohhiur tuviesen los conocimientos acerca de dichas tecnologías 9.

Plaga de la Sangre Resplandeciente, por Jakeukalane

Cuando estuvieron listos, los Elfos de la Sangre Resplandeciente liberaron una plaga, conocida por el nombre de Plaga de la Sangre Resplandeciente, con características ciertamente peculiares 10  que dinamitó los cimientos tecnológicos de los Yáwohhiur y su capacidad de controlar el acceso a los submundos (lo que en muchos momentos ocasionó que algunos Yáwohhiur quedaran atrapados en ellos).

La Plaga era un conjunto de microorganismos que se alimentaban de los metales y otras sustancias específicas que componían los artilugios tecnológicos de los Yáwohhiur.

Los Elfos de la Sangre Resplandeciente se presentaron ante los Yáwohhiur amenazándoles veladamente para averiguar su secreto y, en medio del caos y la destrucción, desvelaron también las traiciones del resto de especies y la existencia del Consejo.

Los Yáwohhiur reaccionaron de manera increíble: mientras todas sus infraestructuras clave sufrían el ataque de la Plaga, decidieron salvar el máximo posible de información y tecnología encerrándola en múltiples submundos y plantando cara a los Elfos de la Sangre Resplandeciente.

Les expulsaron ferozmente de sus territorios, si bien conforme pasaba el tiempo, su posición era más débil debido a los efectos de la Plaga en sus comunicaciones y armamento.

También movilizaron el ejército de manera contundente frente a la Plaga y atacaron poblados élficosangrientos en la selva, como represalia.

Los Yáwohhiur, en su contraataque desesperado, contactaron con algunas especies del Consejo, como los Blemmyae de Erakykima o los Altos Elfos (Anxi’ulluë), dejando de lado a otras especies élficas, por desconfianza.

Fueron contactos de muy alto nivel, en los que se pidió la disolución del Consejo y la protección a los Yáwohhiur frente a los Elfos de la Sangre Resplandeciente (es decir, la participación en la guerra).
Aunque en ningún momento los Elfos de la Sangre Resplandeciente dijeron que la Plaga había sido desatada por ellos, sólo había que mirar el color de su piel y el color de las oleadas de extraña sustancia que componían la Plaga para darse cuenta de que su origen era similar.

Estos contactos se prolongaron apenas un día y medio, tiempo en el que los negociadores yáwohhiúricos se negaron a desvelar el secreto, a pesar de las presiones que recibieron. El secreto, según los Yáwohhiur, no había sido preservado con el propósito de llegar a ser superiores tecnológicamente a otras razas, sino por el peligro que supondría su difusión entre todas las especies y clases sociales.

El acuerdo se cerró entre los Blemmyae, los Altos Elfos, los Yuyh’nü y los Yáwohhiur.

Los primeros aportaron enormes contingentes para repeler a los Elfos de la Sangre Resplandeciente de los territorios yáwohhiúricos y también ayudar en las investigaciones para acabar con la plaga.

Los Yáwohhiur se comprometieron a transmitir el secreto a los dirigentes de dichas especies una vez la guerra hubiese concluido.

A pesar de que se expulsó rápidamente a los Sa’dveriedle de territorio yáwohhiúrico, la Plaga siguió causando grandes estragos durante casi dos años. Parecía casi indestructible y lo único que habían conseguido hacer las fuerzas conjuntas de Altos Elfos, Blemmyae, Yuyh’nü y Yáwohhiur había sido contener los reducidos grupúsculos de Plaga, siempre temporalmente.

La capacidad de la Plaga de multiplicarse y subdividirse en entidades independientes hacía cualquier intento de contención inútil: cuando un fragmento de Plaga era rodeado, simplemente desbordaba el cerco.

A pesar de los dos años de lucha contra la Plaga, ésta fue destructiva durante un corto período de tiempo, puesto que los Yáwohhiur aprendieron rápidamente a proteger sus aparatos.

Aunque no destruyese tantos aparatos como en el primer momento, la ruina de los reinos yáwohhiúricos era casi total: las comunicaciones eran casi inexistentes y el nivel de vida retrocedió varios siglos.

La Plaga seguía destruyendo caminos y campos, lo que hizo aparecer muy pronto el hambre y las luchas por conseguir alimento.

Pjyuyu, el reino yáwohhiúrico situado más al Este fue donde más tarde llegó la Plaga, muy disminuida debido a sus enfrentamientos con los ejércitos que deambulaban por toda Erakykima central.

Este reino tuvo tiempo de prepararse concienzudamente frente a la Plaga, protegiendo los caminos, ocultando los ingenios metálicos y demás artilugios mecánicos para evitar que se vieran afectados por la Plaga y atacando con toda su fuerza allí donde era avistado un fragmento de Plaga, siguiendo la estrategia de atacar a un fragmento cada vez.

Esta estrategia, aunque aparentemente dejaba desprotegido a la región frente a cualquier otro fragmento que se internase en su territorio, era mucho más eficaz que la llevada acabo por la Coalición: eran eficazmente destruidos todos los trozos de Plaga encontrados, lo que evitaba que se uniera un fragmento moribundo con otro sano.

El reino de Pjyuyu y la ruptura del pacto

Los reinos yáwohhiúricos muchas veces funcionaban como una sola entidad, sobre todo cuando se trataba de asuntos relacionados con el comercio o la política exterior, pero siempre existieron pequeñas rencillas fruto de algunas divergencias cuturales.

Estas divergencias no habían provocado, en el pasado reciente, ninguna guerra civil entre los Yáwohhiur. Sin embargo, en tiempos ancestrales, las tribus yáwohhiúricas que fundaron cada uno de los estados eran rivales en todos los sentidos y las guerras se habían sucedido muy frecuentemente hasta que el Gran Pacto Yáwohhiúrico las erradicó.

Pjyuyu, el territorio más oriental de los reinos yáwohhiúricos y el que más presencia de la selva tiene, siempre había sido el más problemático: una colonización leve, su posición estratégica para el comercio y la menor identidad que tenían los Yáwohhiur de ese lugar en relación con su territorio hizo de Pjyuyu el estado menos pacífico de todos.

Otra de las costumbres enraizadas en Pjyuyu que sería fundamental para el curso de los acontecimientos sería el enterramiento de las casas y, sobre todo, el almacenar la comida en enormes recipientes estancos bajo tierra, para preservarla de la enorme humedad ambiental.

La enemistad ancestral entre los Yáwohhiur pjyuyuianos y el resto se vio acrecentada por la falta de comida. Las incursiones en la frontera de Pjyuyu y los ataques a sus ciudadanos por parte de campesinos de otros reinos se hicieron más frecuentes y cada vez más violentos.

La abundancia de comida entre los Yáwohhiur pjyuyuianos se debía a una multitud de factores: la simple prevención o la presencia de menos fragmentos de Plaga en Pjyuyu no era suficiente para explicar la abundancia de comida en el reino. Y, a pesar de que en Pjyuyu participaron y murieron muchos menos Yáwohhiur en la guerra y por lo tanto los campos estaban más atendidos, tampoco fue ese el motivo principal.

La clave de la prosperidad pjyuyuiana fueron sus métodos de almacenamiento (bajo tierra) que no dependían excesivamente de tecnologías que pudieran haber sido dañadas por la Plaga, que sus cultivos ya normalmente eran mucho más productivos (debido a una cuidadosa elección de los minerales presentes en los suelos) y que su alimentación dependía en mucha mayor medida de las bayas recogidas en el bosque que la dieta de otros reinos (basada mayoritariamente todavía en hormigas).

La tensión entre las poblaciones cercanas al reino de Pjyuyu creció y, viendo que la vida se había visto casi inalterada en dicho reino, empezaron a hacerse preguntas.

Si bien los pjyuyianos no pasaban hambre sí que tenían todavía importantes problemas. Su reacción frente a la hostilidad exterior fue fría e indeferente, negando compartir sus recursos con otros Yáwohhiur, lo que les valió el rechazo de la totalidad del resto de reinos yáwohhiúricos, no sólo del pueblo llano.

Pero lo peor pasaba en los poblados fronterizos, donde se realizaban incursiones cada vez más atrevidas a territorio pjyuyiano en busca de comida y mujeres.

La reacción en Pjyuyu fue primero la de intentar calmar los ánimos instalando una gran verja de un material flexible 11, para impedir la entrada masiva de Yáwohhiur extranjeros a Pjyuyu y, también, para evitar los secuestros y ataques.

Los Yáwohhiur de Pjyuyu pretendían entonces, una vez sus fronteras estuvieran seguras, empezar a repartir alimentos a aquellos Yáwohhiur que colaboraran, fueran o no fueran pjyuyianos.

Sin embargo, antes de ponerse en marcha esta ayuda, algunos Yáwohhiur nobles interpretaron la verja como un intento de amurallamiento, una acción totalmente prohibida por el Gran Pacto y se pusieron en seguida en marcha.

Estos Yáwohhiur de la nobleza, con la pretensión exclusivamente de hacer valer su respeto a la ley, se sirvieron de varias estratagemas para hacer que el conflicto, latente, estallase de manera repentina.

Las suspicacias entre los Yáwohhiur del Este (los pjyuyuianos) y los Yáwohhiur del Oeste (que engloban a los Yáwohhiur del resto de reinos) tenían muy hondas raíces (culturas diferentes, costumbres diferentes, incluso deidades diferentes).

Las graves dificultades presentes en ese momento y la actitud arrogante de los Yáwohhiur de Pjyuyu hacían que numerosas historias empezaran a circular; como por ejemplo que los pjyuyuianos habían firmado un pacto en secreto con los Elfos para evitar un ataque. La concepción mística de la religión que tenían los pjyuyianos tampoco ayudaba.

Este grupo de nobles tomó las historias que se murmuraban en los pueblos y las acrecentó, vertiendo acusaciones muy graves contra los Yáwohhiur pjyuyianos; como por ejemplo que adoraban a los dioses de los Elfos de la Sangre Resplandeciente, enterrando comida para ellos (así es como se adora al Dios élficosangriento de la tierra, Nhuitui).

Esta acusación, totalmente falsa, fue aceptada por los aldeanos debido a que conocían el hábito que tenían los Yáwohhiur de Pjyuyu de enterrar sus alimentos, si bien desconocían que eran enterrados en recipientes sellados, lo contrario que hacían los Elfos de la Sangre Resplandeciente, que entierran comida para que se pudra y sirva de alimento a Nhuitui.

Esta grave acusación hizo que la turba se descontrolara y, cogiendo un gran número de antorchas, se dirigieron hacia la verja para quemarla.

La enorme humareda que se levantó entonces provocó importantes acontecimientos: hubo algunos aldeanos que murieron intoxicados por el humo y también alarmó a los ejércitos tanto de Pjyuyu como de los reinos yáwohhiúricos de Mgauki y Ylweuejh.
Cuando llegaron los Ejércitos de los Reinos del Oeste y vieron la escena inmediatamente pensaron que se trataba de un ataque a gran escala: las negras nubes tapaban el cielo y había numerosos cuerpos en el suelo, unos afixiados y otros con convulsiones.

Los nobles, que se vieron rápidamente sobrepasados tanto por la furia de los aldeanos como por las violentas llamaras que desprendía la verja, acusaron a los pjyuyuianos ante los Ejércitos de los Reinos del Oeste de intentar envenenar a los aldeanos, quemando ellos mismos la verja para evitar el avance de la horda enfurecida.

El Ejército, que venía de varias jornadas muy intensas (con el intento de la renovación de los acuerdos entre los Blemmyae, Altos Elfos y Yuyh’nü) se había encontrado por el camino con fragmentos irredentos de la Plaga y habían sufrido mucho para erradicarla, no supieron ver las mentiras de los nobles.

Ante lo que ellos consideraron una provocación demasiado grave como para dejar pasar por alto, convocaron al resto de generales de los reinos occidentales y declararon la guerra a Pjyuyu.

Las fuerzas aliadas de Elfos, Blemmyae y Yuyh’nü decidieron retirarse, para no participar en un conflicto que consideraron interno.

Los Yáwohhiur del Oeste se sintieron traicionados y rompieron el pacto, negándose a revelar una vez concluyera el conflicto el secreto yáwohhiúrico.

La guerra civil yáwohhiúrica y la Segunda Guerra Élficosangrienta

Esas fueron las causas concretas que llevaron al surgimiento de esta breve pero intensa guerra civil (que no duró más de dos años). Las consecuencias a largo plazo en términos materiales no fueron demasiadas, si bien la falta de alimentos en todos los reinos yáwohhiúricos se recrudeció y el odio hacia Pjyuyu aumentó espectacularmente, echándoles toda la culpa del conflicto.

En términos más abstractos, la guerra civil yáwohhiúrica retrasó el descubrimiento del secreto de los Yáwohhiur al resto de especies y empeoró también sus relaciones. Supuso, incluso, un retroceso mucho más grave que el acontecido debido a la Plaga, puesto que se destruyeron instalaciones que habían resistido a ésta e incluso archivos e información fundamental de la localización del lugar donde se guardaba todos los conocimientos tecnológicos yáwohhiúricos.

La inseguridad de los reinos yáwohhiúricos espantó aún más a los comerciantes y cambió las rutas comerciales casi de manera permanente.

Los Elfos de la Sangre Resplandeciente siguieron con atención todo este proceso y reavivaron la Plaga, acompañándola de una invasión terrestre masiva.

Plaga de la Sangre Resplandeciente formando murallas impenetrables, en la Segunda Guerra Élficosangrienta, por Jakeukalane

El avance de los Elfos de la Sangre Resplandeciente (ayudados en esta ocasión por Trolls de Sangre, Orcos Verdes de las Colinas y otros seres) fue implacable, atacando a todos los reinos occidentales y a Pjyuyu. Contaban además con las corazas impenetrables que los restos de la Plaga de la Sangre Resplandecientes habían dejado en los caminos y allí donde habían sido aniquiladas.

En Vaelamieelu, capital de todos los estados yáwohhiúricos, se tomó la decisión de intentar parar el avance de los Elfos de la Sangre Resplandeciente, fuese cual fuese la solución y el precio que pagar.

Grupos de trabajo e investigadores de los submundos se reunieron en lugares secretos (plantas especializadas en el estudio de los submundos) para intentar contactar con otros estudiosos (que se habían exiliado por la Plaga) o con investigadores que se habían ido a sus propios submundos. Conforme los Elfos de la Sangre Resplandeciente se iban acercando a Vaelamieelu y destruyendo y matando todo a su paso, este tarea fue más y más desesperada, puesto que no conseguían contactar con ningún teórico importante ni contaban con los medios tecnológicos suficientes.

Pasados seis meses y habiendo caído ya las capitales de cinco de los países yáwohhiúricos, este grupo de investigadores halló por casualidad el acceso a los submundos donde se guardaba los conocimientos adquiridos de los submundos. El emplazamiento de este lugar había caído en el olvido debido a la guerra civil.

Con este inmenso arsenal de conocimiento desarrollaron un nuevo método para rastrear los submundos e intentaron acceder a Odranærya para ponerse en contacto con Odranæ. Querían ser capaces no sólo de observar o entrar en submundos o crearlos sino también extraer cualquier objeto o ser de estos submundos.

Si lograban eso, tendrían bastantes posibilidades de vencer a los Elfos de la Sangre Resplandeciente.

En apenas diez meses, los Elfos de la Sangre Resplandeciente estaban en condiciones de sitiar Vaelamieelu, habiendo arrasado literalmente el resto de los reinos Yáwohhiur. Los Sa’dveriedle ya no querían simplemente acabar con la tecnología yáwohhiúrica ni averiguar el secreto, sino que querían aniquilar a todos los Yáwohhiur en represalia por las matanzas de Elfos de la Sangre Resplandeciente ocurridos en la Primera Guerra Élficosangrienta.

Después de asediar Vaelamieelu durante medio mes más consiguieron derribar las puertas de la muralla y entraron en la ciudad.

Sin embargo, a las mismas puertas de la muralla les esperaba un enorme destacamento de enormes Neldra, con sus hachas de obsidiana prestas para aniquilar a los Sa’dveriedle.

Una vez vencidos los ejércitos élficosangrientos, los Neldra construyeron magníficas mansiones para su estancia en Qhot-naun-phaqiasiari y ayudaron a reconstruir los estados yáwohhiúricos.

El redescubrimiento de los submundos

En medio de la conflagración que supuso la Segunda Guerra Élficosangrienta, los agentes del Segundo Consejo, formado por las especies que rechazaron disolver el Consejo: Elfos de la Sangre de Fuego, Elfos Guerreros Mawi y Elfos Silvanos (Anxi’ellehë), penetraron en tierras yáwohhiúricas decididos a conocer el secreto que tantas cosas había provocado.

Estos agentes no sólo descubrieron el secreto de los submundos sino que ayudaron a desarrollar la manera de extraer objetos o seres de los submundos.

Después de que los países yáwohhiúricos fuesen reconstruidos, los Yáwohhiur intentaron tímidamente establecer un control central de los submundos, pero el resto de especies no lo aceptó.

El nombre del planeta, Qhot-naun-phaqiasiari, que significa "el mundo de las maravillas incontables" cobró a partir de entonces un nuevo significado.

Con todas las especies enteradas de cómo usar los submundos, la historia de Qhot-naun-phaqiasiari aquí se vuelve muy difusa, a causa de que los acontecimientos sucedieran tanto directamente en Qhot como en sus submundos.
Pasados cien años, por ejemplo, resultaba muy díficil establecer la filiación familiar de cualquier ser de cualquier especie, puesto que podía provenir de un submundo o sus antepasados haber nacido en uno.

A partir de entonces se abrió un nuevo período en la historia del Planeta Qhot-naun-phaqiasiari, un período muy fructífero pero que terminaría en tragedia. 


*1: Los años de Qhot son diferentes que los de la Tierra, su año dura 1,8 años terrestres mientras que su día dura 1,17 días terrestres.
*2: Esta frase está situada dentro de un contexto literario y, frecuentemente, no es trasladable al mundo real. Tampoco puede justificar desvaríos pseudocientíficos. Aquí la frase fundamental está en "con muchos conocimientos acumulados". Si dichos conocimientos no son válidos, es muy probable que el devenir de la situación dé lugar a que las conclusiones tampoco sean válidas. Este blog no apoya de ninguna manera la pseudociencia.
*3: Esta palabra es algo engañosa para describir este medio de comunicación yáwohhiúrico. En primer lugar, la proto-escritura yáwohhiúrica se realizaba mediante la construcción de intrincados nudos en tres dimensiones. Estos nudos fueron simplificándose enormemente para pasar a ser cilindros de diferentes formas, colores y texturas. Los "períodicos" instántaneos de los Yáwohhiúr se componen de vasijas cilíndricas de cerámica transparente que tienen en su interior diversos niveles repletos de formas geométricas de diferentes colores y en movimiento. Cada "noticia" usa los tres niveles de la vasija. Los Yáwohhiur son capaces de captar una gran cantidad de significados en base a las diferentes formas, tamaños, colores y distancia entre los objetos.
*4: A pesar de lo desmesurado de la reacción frente al acceso de los submundos, los Yáwohhiur no tienen gobiernos represores (excepto algunos breves intervalos de dictaduras militares en algunos de los reinos occidentales). Aquí, hacer desaparecer a un Yáwohhiur no es un eufemismo de algo más severo, sino que simplemente era trasladado de comunidad.
*5: Los Elfos de la Sangre de Fuego hablan dos idiomas. El fueguino y el élficosangriento. En élficosangriento se le conoce como Ywrýlai.
*6: A pesar de que los Elfos de la Sangre de Fuego los conocen con el apodo despectivo de Ut’vraerbok’orko, es decir, Orcos, los Elfos de la Sangre Resplandeciente siguen siendo Elfos, a pesar de sus rasgos poco agraciados.
*7: Por ejemplo, algunos aparatos eran demasiado robustos, lo que hace pensar en una gravedad más fuerte en el lugar donde fueran diseñados y había otros cuyo diseño requería una humedad precisa y por lo tanto no funcionaban.
*8: En realidad, no todos los que se acercaban a su territorio resultaban asesinados: a veces había algún humano u Elfo de otra estirpe que los atravesaba y resultaba ileso. Esto no hay que atribuirlo a una especial pericia por parte de los supervivientes, puesto que estuvieron vigilados en todo momento. El critero que siguen los Elfos de la Sangre Resplandeciente es el de no hacer daño a aquel que llegue a sus bosques y no mate ningún animal o ser vivo y no haya evidencia de que lo haya hecho en el pasado. Este criterio es ciertamente muy difícil de cumplir por lo que los afortunados que se salvan de morir asesinados por los Elfos son aquellos seres que se desplazan por sus bosques a toda velocidad y sus ropas no son el fruto evidente de la muerte de ningún ser (por lo que sólo aquellos con armadura se salvarían).
*9: Se ha propuesto que toda la actitud de los Elfos de la Sangre Resplandeciente no es más que una fachada. La otra alternativa implicaría que sus criterios morales seguirían algún tipo de sistema retorcido en el que el conocimiento y la técnica tuviesen que estar equilibrados.
*10: Una de las peculiaridades de la Plaga de la Sangre Resplandeciente es que es obra de un trabajo muy complejo de nanobioingeniería lo que hace tambalear la fachada de bárbaros o retrasados tecnológicos que los Elfos de la Sangre Resplandeciente habían erguido entorno a sí.
*11: Plástico.


Criaturas: Elfos de Qhot-naun-phaqiasiari (Elfos Silvanos, Altos Elfos), Elfos de la Sangre de Fuego, Elfos de la Sangre Resplandeciente, Trolls de la Sangre Resplandeciente, Orcos Verdes de las Colinas, Elfos Guerreros Mawi, semielfos. Humanos, Yáwohhiur, Neldra, Blemmyae de Erakykima, Yuyh’nü.
Espacios Planares: Qhot-naun-phaqiasiari.


Nota I: Este artículo es ficticio.


Texto: Jakeukalane.
Imagen I: Jakeukalane. Imagen original aquí → El Planeta Qhot-naun-phaqiasiari (deviantart). Imagen en tamaño completo aquí → El Planeta Qhot-naun-phaqiasiari (imagen).
Imagen II: MAKATAKO. Imagen original aquí→ Varios. Diseño original por IssuesAndDrama
Imagen III: Thierry Rouzier (titou). Imagen original Angkor photos. Imagen en tamaño completo Los Neldra.
Imagen IV: Jakeukalane. Imagen original aquí → Prensa instantánea yáwohhiúrica (deviantart). Imagen en tamaño completo aquí → Prensa instantánea yáwohhiúrica (imagen).
Imagen V: Keun-chul, modificada por Jakeukalane. Otra galería Keunchul Jung (Cghub) [archive.org] y Keunchul-jang (Leewiart). Imagen en tamaño completo aquí → Elfos de la Sangre de Fuego.
Imagen VI: Keun-chul, modificada por Jakeukalane. Otra galería Keun chul gallery y Keun-chul (Leewiart). Imagen original Painting.
Imagen VI: Jakeukalane. Imagen original La Plaga de la Sangre Resplandeciente.
Imagen VIII: Jakeukalane. Imagen original La Plaga de la Sangre Resplandeciente II.

©Hyposs Productions. ©MAKATAKO ©IssuesAndDrama ©Thierry Rouzier ©Keun-chul