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El Planeta O’shyhon III: La Primera Gran Guerra

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Texto original inspirado en los Cuatro Elementos clásicos.


Cuando Achoord’u volvió del viaje de exploración en el que se encontraría la Ciudad Sellada de Randenanverrad, las cosas habían cambiado mucho en O’shyhon. Una gran guerra se libraba ahora, conocida por los Armadillos como la Gran Guerra. Todo empezó en el continente de D’radhin, aquella tierra que Achoord’u había dejado tanto tiempo atrás. Los clanes Vor’unt y Angald-rad (/an-gal-’rad/) estaban enzarzados de nuevo en una de sus comunes disputas territoriales. Pero esta vez, la casa Ith’ingu (/iz-’in-gu/) se vio implicada en las refriegas. La casa Ith’ingu de D’radhin había abierto acuerdos con los Kel’danunog (/quel-da-un-nog/) de las lejanas tierras de Nyaughorm. La casa de Orrothgha (/o-rroz-ga/), una de las principales gobernantes de Nyaughorm había aprovechado para arrebatar a los Kel’danunog unas tierras disputadas y esto implicó también a los Ith’ingu.

En Swehinves, varios archipiélagos que comerciaban con D’radhin y con Nyaughorm se vieron implicados hasta el punto que los principales gremios mercantiles de Swehinves también tomaron partido en la guerra. Parecía como si ahora que las diferentes regiones de O’shyhon estaban en contacto, esto fuera a suponer su destrucción. La invención de las naves de casco hondo había esparcido la guerra a todas las orillas.

Achoord’u procuró no involucrarse, pero le fue totalmente imposible. Sus puestos comerciales en Or’tori, Vayckust y varias docenas de sitios más habían sido asaltados y las personas que atendían los puestos, asesinadas. Ahora todos sus socios, o mejor dicho, los descendientes de éstos, subvencionaban flotas de ataque.

Achoord’u reunió y guió a un pequeño grupo de ciudadanos para expulsar a los Iraugheldinos 1  de Vayckust. Antes de restablecer el orden, las milicias ciudadanas ya se habían enfrentado a más de seis bandos distintos. Viendo que O’shyhon se veía engullida por el remolino de la guerra, Achoord’u se puso al frente de un gremio marino creado por él mismo.

Las numerosas facciones independientes, la mayoría de ellas agrupadas en torno a las casas nobles, clanes y tribus de O’shyhon, se reunieron finalmente en cuatro facciones de ámbito territorial. Estos temibles colosos abarcaban el territorio de sus respectivos continentes. Tres de ellos querían llevar el conflicto a su amargo final. Parecían haber olvidado completamente porqué empezó todo ello y argüían razones de honor y religión. La cuarta facción, una federación de países-archipiélago, quería la paz inmediata e insistía en resolver las diferencias a través de la negociación. También algunos de estos querían la guerra, pero siendo conscientes de que no tenían ejércitos para luchar en campo enemigo, se unieron a la federación.

Esta actitud pacifista no era de sorprender, ya que los que más tenían que perder eran aquellos que no tenían tanto poder bélico y sus islas siempre eran las primeras en ser saqueadas. A lo largo de los conflictos, batallas y escaramuzas que siguieron, unos se veían con menos fuerzas para continuar, mientras que otros, con los ánimos encendidos, daban más brío a sus campañas. De entre los integrantes de la federación de Swehinves que llevaban el mando, cada vez se notaba más la presencia de Achoord’u como un buen liberador de sus costas y un resiliente guerrero.

Fue cuestión de tiempo, que los gremios de comercio de Swehinves pusieran a Achoord’u a cargo de sus ejércitos. Y su reacción, siempre excéntrica a ojos de los otros Armadillos, no se hizo esperar. Renombró a la federación como Tas’turyrak (/tas-tu-ri-’rak/), un vocablo stuayth que significaba "Armonía a través de la Magia".

Pronto resulto evidente, que el vínculo con los Stuayth iba más allá del nombre. Las fuerzas de Tas’turyrak, lideradas por Achoord’u derrotaban a sus enemigos con una facilidad pasmosa. Primero pacificó Nyaughorm y después centró sus esfuerzos en Ustoughusk. Las fuerzas de este continente eran más de rapiña, que de combate, por lo que lo único que consiguió Achoord’u fue detener los barcos que salían de sus tierras, no controlar el interior. El continente de D’radhin estaba bien armado y sus múltiples territorios eran todos muy belicosos.

La Federación de Tas’turyrak, utilizó una estrategia de envolver el continente de D’radhin con diferentes flotas y desembarcar por diferentes flancos. Cuando hubieron tomado las regiones de la periferia fueron hacia las capitales y, desde allí, se encaminaron hacia Gntast (/’gen-’tast/), el centro del poder de la casa Angald-rad. Al ver el inexplicable avance de la federación asentada en Swehinves, las casas y tribus de D’radhin hicieron un frente común (que no un frente en el que se disputasen las tierras recién conquistadas) alrededor de la casa Angal-rad.

Muy inferior en número, la casa Angal-rad se vio tan desesperada que finalmente optó por una solución nunca antes vista, recurrir a la magia. En Gntast se encontraba el mayor acúmulo de réprobos y gente interesada en la magia. Estos no solo habían intentado descubrir algún hechizo, sino que había gente que practicaba alguna disciplina stuayth e incluso cosas más horribles. En una situación corriente, estos Armadillos jamás habrían visto la luz del día, habrían pasado sus días en los calabozos, pero tal como estaban de desesperados por no perder el control de D’radhin, los Angal-rad los soltaron en mitad del campo de batalla.

Este nuevo batallón consiguió vencer a varias destacamentos que se aproximaban a Gntast. Cuando Achoord’u se enteró de la noticia, estalló en cólera. Vociferaba palabras sin sentido de un idioma ya extinguido. Aunque sus camaradas no pudieran entenderle, sabían que esto no significaba otra cosa más que problemas.

Achoord’u lanzó un ataque directo con sus mejores tropas hacia Gntast, dejando el resto del ejército en las afueras. Este regimiento casi resultó aniquilado también, aunque muy debilitado consiguió vencer a los practicantes de magia que le salieron al paso. Cuando Achoord’u estuvo enfrente de las murallas de la ciudad, comunicó un mensaje al vocero de Tas’turyrak que decía:

"Habitantes de Gntast rendíos ahora o afrontad las consecuencias de vuestros actos. Ante ciertas circunstancias no se puede tener piedad de tu enemigo".

Acto seguido las tropas de los Angal-rad asaetearon al vocero.

Esto resultó una grave ofensa para Achoord’u que preso de su rabia metió su mano en su bolsillo y sacó un anillo hecho de un mineral nunca antes visto por los presentes, salvo en las Cicatrices de la Tierra. Empezó a recitar una hipnótica letanía y a hacer movimientos con los brazos con una rapidez pasmosa, como si estuviera en trance. A los pocos minutos, mientras el resto de su regimiento moría ante las puertas de la ciudad asaeteados por los Angal-rad, una extraña niebla negruzca se empezó a formar encima de Gntast. A medida que caía sobre la ciudad, el bullicio se iba a apagando. Finalmente un tenso silencio cayó sobre la ciudad, al tiempo que empezaba a disiparse la niebla.

Achoord’u se dio la vuelta y con aire cansado volvió a su campamento. Cuando llegó, causó una gran conmoción, ya que volvía solo, y ademas tenia una piel demacrada, como si hubiera estado privado de alimento durante varias semanas. No quiso contestar a las preguntas que le hacían sus camaradas, simplemente dijo que la ciudad ya estaba libre para ser conquistada.

Cuando entraron, la población entera parecía haberse desvanecido, el ejército que entraba victorioso tenía el presentimiento de que Achoord’u hubiera ido demasiado lejos esta vez. Todos tenían la garganta seca aunque no hubieran tenido problemas para tomar la plaza.Después de esta victoria, las dudas se disipaban, aunque nadie hubiera visto a Achoord’u usar un Legado Stuayth, se corrió la voz de un rumor sin verificar, puesto que no había testigos, de que una niebla mágica se había formado dentro de las murallas de Gntast. Esto significaba que Achoord’u había sido lo suficientemente ingenioso, o había tenido la suficiente suerte como para usar la magia sin ser visto.

Acabada la guerra, era evidente quién debía gobernar los territorios conquistados. Además de que Achoord’u tenía la fortuna que habían acumulado sus negocios a lo largo de más de 200 años, era uno de los hombres más cultos y había sido puesto al mando de Tas’turyrak, el ejército de Swenhinves.

Achoord’u aceptó el cargo de Emperador de O’shyhon, y muchos otros que le fueron dados. Como primera medida, decidió establecer como capital administrativa del imperio, el país de Vayckust. Para trámites ordinarios, cada región seguía estando gobernada por sus anteriores dueños.

No hay duda que esta decisión se tomó por fines prácticos, en primer lugar, quedaba a medio camino entre los demás continentes, D’radhin, Ustoughusk y Nyaughorm. Segundo, beneficiaba a Swehinves, el ganador de la contienda, y por último permitía que Achoord’u mantuviera su residencia. La hacienda de Achoord’u que ya era espléndida por aquellas fechas, se convirtió en un verdadero palacio, con tal cantidad de estancias que era fácil perderse. En él había libros en más lenguas de las que pueden contarse con las manos, animales exóticos que no se podían observar en ningún otro lugar, artilugios de muy dudoso uso, ya fuera mundano o especial y otras cosas que eran encargadas por sus consejeros y pasaban a ser gastos del Imperio. Saunas, piscinas calientes y tibias, cubiertas con toldos o techos, acondicionadas con planchas de hielo o de sal, adornadas con flores y un sin fin de otras comodidades se daban citas en las hectáreas que ocupaba la mansión imperial.

El día en que se celebró la ceremonia de coronación, Achoord’u pronunció un inspirado discurso que sería recordado por los nobles allí presentes y por las generaciones venideras. En él, confesaba que durante muchos años había estado buscando el conocimiento de la magia, redescubriéndola y aprendiendo de ella en secreto y, que en el transcurso de sus expediciones, había descubierto su existencia y recuperado los Onryn Droom (/’on-rin drum/) 🔊, los Cinco Legados, la herencia que presumiblemente los Stuayth, que no eran en absoluto una raza caprichosa, les dejaron. Durante este discurso, conocido posteriormente como Streewray-sam craingorm O’shyhon (/es-tri-gru-ai sam cra-in-gorm-o-shi-xon/): "La proclama del nuevo O’shyhon". Achoord’u les hablo que la magia no es, en sí misma, algo perjudicial. Pero que para guardarse de sus posibles peligros, él juraba no volver a usar la magia excepto para casos de reconocida urgencia y gravedad.

En los años siguientes, Achoord’u cumplió su juramento. Su nuevo Imperio seguía estando convulso. Las revueltas y guerras civiles aparecían de manera esporádica, como ajustes de cuentas entre los participantes de la Gran Guerra. Nunca, ni en un sólo caso, utilizó Achoord’u el enorme poder que tenía a su disposición. Todos los conflictos seguían su rumbo, todas las disputas se ajustaban como tenían que suceder. Había quienes llegaban a decir que un hechizo en el momento correcto era preferible a la pérdida de vidas humanas que provocaban estos ajustes de cuentas.

Los primeros años de reinado de Achoord’u estuvieron marcados por su vida personal. El Primer Emperador Armadillo de O’shyhon (título, que según decían, no era de su agrado, pero que le había sido dado por su asustado y agradecido pueblo) aprovechó su situación actual para contraer nupcias con la mujer que compartía su vida en Vayckust, Soray-Zikuru-xibimu, también conocida como Sozixi, un nombre hecho con la primera sílaba de cada uno de sus nombres. De esta unión nacieron cuatro hijos, y su apariencia era un milagro de la ciencia. Dos niños y dos niñas, dos de ellos Armadillos y los otros dos Ardillas.

Para cuando sus hijos crecieron, el estado general del mundo era mucho más calmado, con todas esas rencillas enterradas. Achoord’u, que siempre había sido un armadillo con preocupaciones desconocidas, ahora parecía tranquilo con su familia, hasta que sucedió algo imprevisto.

Como ocurre en ciertas ocasiones, cuando uno menos se lo espera, la tragedia golpea. Un día que Achoord’u y su familia estaban navegando en las costas de Vayckust con el primer barco de casco hondo que construyó 2  sucedió la desgracia. El día se presentaba bastante apacible, un clima soleado y sin viento. Pero en el mar, el tiempo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos, y después de todo, Vayckust se encontraba en mitad del océano.

La tormenta golpeó el puerto como una furiosa serpiente. El agua estaba quieta, incluso parecía alejarse de la costa, pero fue un espejismo, de repente vinieron inmensas olas cargadas de espuma, impulsadas por salvajes vientos que las hacían encorvarse más aún. En mar abierto, el barco de Achoord’u volcó. Achoord’u había aprendido a ser un gran nadador, pero sus hijos y su mujer estaban a merced del mar. Logró salvar a sus cuatro hijos, cogiéndolos y llevándolos al puerto, pero no pudo salvar a Sozixi.

La tormenta se fue tan rápido como había venido, pero las cosas habían cambiado para siempre. Achoord’u podría haberlos salvado a todos si hubiera usado la magia. Este pensamiento le reconcomía día y noche, pero no incumplió su juramento.

La mañana de aquel día, cuando su familia subía al barco, Achoord’u era un hombre en la cumbre de la vida y gracias a las propiedades pasivas de los Legados, podría gozar de buena salud durante muchas más décadas, quizá siglos. Pero los días siguientes a esa tormenta se sintió un hombre viejo y derrotado. Y se hundió más y más en la pena, amargado por sus remordimientos.

*1: de Iraugheld (D’radhin), controlado por el clan Vor’unt. Volver.
*2: El barco de Achoord’u no había aguantado 200 años. Cuando entraron en Randenanverrad, la Ciudad Sellada, el campo de relatividad del tiempo que la rodeaba se extendía concéntricamente por toda la isla, sus costas y parte de su mar territorial por lo que para el barco no habían pasado 200 años. Volver.


Criaturas: Armadillos, Ardillas, Stuayth.
Espacios Planares: Lugares: Planeta O’shyhon. Continente D’radhin. Continente Nyaughorm. Continente Swehinves, Continente Ustoughusk. Isla de Or’tori, Isla de Vayckust. Ciudad de Randenanverrad. Ciudad de Gntast.
Acontecimientos: Gran Guerra. La proclama del nuevo O’shyhon.
Objetos: Cinco Legados.
Idiomas: Idioma stuayth.
Organizaciones: Clan Vor’unt, Clan Angald-rad, casa Ith’ingu, casa Orrothgha. Federación de Tas’turyrak, Kel’danunog. Imperio.
Títulos: primer emperador armadillo.
Individuos: Achoord’u, Soray-Zikuru-xibimu.


Texto: Avengium.
Imagen: Avengium. Imagen en tamaño completo aquí → O’shyhon.

©Avengium

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Cómo invitar al Yeti a un cacao

20181001112015-yeti.jpg

Texto original. Realizado en un reto de escritura, con las palabras de inspiración: buzón, cacao, cúpula, estribo, Yeti, tejer. E imaginario de los siglos XX-XXI.


Volvió a mirar y el Yeti aún seguía allí. Le había atraído hacia el lugar con un poco de cacao.

La verdad es que la historia era curiosa. Ella había ido tras la pista del Yeti una larga temporada. Había acampado en picos nevados, bajado a las plantaciones, había convivido con sus gentes. Se había ganado un hueco en los reclusivos templos. Y había aprendido muchas cosas. Sus estudios de antropología le habían reportado un buen puesto. Pero no había encontrado al Yeti. Se iba sin una pista.

Hizo las maletas y se volvió a su casa en Uppsala. La sorpresa fue cuando al llegar y mirar el buzón vio que había una carta extraña. No tenía remitente por lo que no sabía de quién era ni se explicaba cómo había llegado allí. Cuando la leyó, no pudo creer lo que veía. Su interlocutor aseguraba en la carta que sabía donde se encontraba el Yeti. Pero pedía verla en Bangladesh. A medio mundo de distancia.

Después de hablar con algunos familiares y amigos, Karen lo arregló todo de manera que pudiera irse lo más pronto posible a su nuevo destino. No podía dejarlo así ahora que ya estaba habituada a la búsqueda y perder la oportunidad.

Cuando llegó al aeropuerto más cercano, había alguien esperándola. Esto la inquietó.

—¿Qué haces aquí y por qué me sigues?
—Estoy aquí para hacer negocios con usted, señora Gunnarsson. Pero mejor vayamos a un lugar más tranquilo a hablar de este asunto. ¿Me hace el favor de acompañarme?
Karen se encontraba confusa. Un señor de aspecto indio y bien arreglado parecía conocerla de antes.
—¿Cómo sé que me puedo fiar de usted?
—Soy el único que ha ido a buscarla ¿no?

Fue un largo viaje en coche. Karen no consiguió relajarse en todo el viaje hasta que llegaron a una villa señorial.

—Ahora que ya estamos acomodados me gustaría preguntarle. ¿Descubrió algo acerca del Yeti?
—No, no descubrí nada. Y aunque lo hubiera hecho, aún no se si fiarme de usted.
—Bueno. Para que vea que soy de fiar le voy a dar un dato que le va a ser muy útil para localizar al Yeti. Al Yeti le encanta el cacao. Sienten pasión por una bebida de chocolate amargo preparado de manera ritual desde hace siglos. Por suerte para usted, sé donde se prepara ese cacao. Si acepta el trato que le voy a proponer a continuación no tendré inconveniente en darle un termo lleno de este cacao.
—¿Y qué trato es este?
—Tiene que traerme pelo de Yeti. Suficiente pelo como para hacer una prenda amplia una vez tejido. Usted puede hacer lo que quiera con el Yeti.—¿Y qué pretende hacer con ese pelo? ¿para qué lo necesita?
—Ya le he dicho. Para hacer una prenda. No le interesa saber más. ¿Acepta el trato?

Karen estuvo pensándolo durante un buen rato. Podría aceptar esta pista y volver al Tíbet a probar suerte o volverse a Uppsala sin nada y olvidar el asunto.

—De acuerdo. Pero el Yeti no es asunto suyo. Déme ese cacao y todo lo que vaya a necesitar en el viaje.

Karen descansó en la villa ese día. Y al día siguiente cogió un vuelo qué ya habían reservado para ella en previsión de que aceptaría.

En el avión vio una conferencia sobre diferentes tribus americanas, leyó un libro y charló brevemente con su compañero de asiento hasta que llegaron. Cuando desembarcó cogió un autobús hacía una ciudad próxima y se internó en el Tíbet.

La primera vez que durmió en el Tíbet soñó que se despertaba en una gruta y que allí estaba el Yeti. Sucedió más adelante de nuevo. Pero se despertaba antes de reconocer nada. En otra ocasión reconoció el símbolo de un templo en el que ella había estado en su anterior expedición y partió para allí.

Cuando llegó al templo, los monjes la reconocieron. Les traía una ofrenda de incienso. Y él monje que cogió el incienso se alegró de verla.

—Siéntate aquí con nosotros.
—No, por favor. No quiero alterar vuestra calma. Estaba de paso.
—Estás de paso. Pero no hacía dónde tú crees.
—Bueno. Me tomaré un descanso.

Y Karen se sentó con los monjes. Estaban meditando y se podía sentir la tranquilidad. Al cabo de un rato Karen sintió una sensación de calma distinta. Difícil de describir. Estaba consciente y parecía como si pudiera manejar conceptos en un mapa mental con solo tocarlos. Vio pistas en su mente, mapas y relatos de los lugareños y los relacionó. Eran retazos, detalles aquí y allá. Cosas que se le habían pasado inadvertidas antes. Y llegó a la conclusión de que el Yeti estaba a menos de un kilómetro de este templo. Y los monjes guardaban su secreto.

Karen abrió los ojos y se levantó. El monje que había hablado con ella antes también lo hizo.

—¡Vosotros occidentales, siempre tan utilitarios! Cuídate Karen. No quiero que te pase nada malo.
—Gracias. No me pasará nada.

Karen saludó al resto de monjes que estaban reunidos ahí y se despidió de ellos. Se puso a caminar hacia donde pensaba que estaba el Yeti. Y no apareció. Torció en otra dirección y tampoco. Eligió varias direcciones más y nada. Se paró.

«Creía estar segura que el Yeti estaba a menos de un kilómetro del templo. Pero no puede estar por esta zona. No hay donde esconderse. He explorado todos los alrededores del templo y tendría que estar más lejos si quiere esconderse. Voy a preguntarles a los monjes donde está».

Karen tocó a las puertas del templo pero nadie abrió. Volvió a llamar y nada. No parecían oír el picaporte.

Entonces decidió sacar el cacao de su mochila. El termo seguía caliente y decidió abrirlo para saborear un poco. Sabía que el chocolate amargo natural no sabía bien. Tenía esa textura arenosa de grano molido que recordaba.

Antes de guardar el cacao, el pestillo de la puerta del templo cedió y la puerta se abrió. Karen entró pero no vió a nadie. Estaba desierto. Fue a uno de los patios interiores. Y en un cuenco que había vertió un poco de cacao. Y se fue a explorar el templo. Tenía bastantes habitaciones. Karen se tomó su tiempo. Pero aún así no encontró a nadie. Parecía que se habían esfumado.

Cansada, Karen decidió volverse. Pero cuando pasó por el patio allí lo vió. Le había atraído hacía el lugar con un poco de cacao. El Yeti la vio a ella y siguió bebiendo él cacao hasta que se lo acabó.

—Ungggh gunh gun ung —dijo el Yeti.
—¿De verdad eres el Yeti? —dijo Karen boquiabierta y con cierto miedo.
—Ungg gung —dijo.

La verdad es que parecía un gigante bonachón. Peludo por todo el cuerpo excepto las palmas de las manos y pies y cara. Karen no cabía en sí de asombro:

—¿De verdad? ¿de verdad eres el Yeti? He encontrado al Yeti. ¿Y ahora qué hago contigo?
—Gunghunghg.
—No te entiendo. ¿Sabes malayo? ¿chino?
«No. No conozco ninguno de esos idiomas. Pero esa bebida mágica ha renovado mis fuerzas».
—¿Qué? ¿Por qué te oigo en mi mente? ¿Te das cuenta del descubrimiento?
«La planta de la cual se hace esa bebida también existe en mi planeta. Y me revitaliza cuando la tomo. Mientras, tengo que internarme en un estado de reposo para no agotar mis fuerzas. Estos monjes me han ayudado mucho».
—Fascinante.
«¿Quieres algo de mí?».
—Me gustaría que me dieras tu pelo. Me han dicho que con él se puede tejer una ropa maravillosa.
«Te han informado bien. Mi pelo tiene unas propiedades de protección de la vida que algunos buscan. Pero no pienso quedarme aquí por mucho tiempo. Tengo que conseguir más bebida e irme de aquí».
—Yo tengo más de esa bebida. Aquí la llamamos cacao.
«¿Y me darías el resto? Como agradecimiento puedo mandarte a ti a cualquier sitio».
—Uppsala será suficiente.


Criaturas: Yeti.
Espacios Planares: Tierra Neshl.
Substancias: Cacao. Pelo de Yeti.
Individuos: señora Gunnarsson.


Nota I: La primera frase es una referencia al relato de Augusto Monterroso, "El dinosaurio".

"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí".


Texto: Avengium.
Imagen: Gabriel Gómez. Imagen original aquí → Yeti, de Gabriel Gómez (deviantart). Imagen en tamaño completo aquí → Yeti, de Gabriel Gómez (imagen).

©Avengium ©Gabriel Gómez

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